8 de noviembre de 2018

Crónica: Riverside y Mechanism (Sala Mon, Madrid)

Después de un revitalizante paseo con mi compañero de fatigas por el ya gélido para mi desgracia clima de la capital, arribamos en la tarde de domingo fin de puente a la Sala Mon -antigua Penélope- para presenciar la puesta de largo del nuevo disco de la banda polaca Riverside, Wasteland.


Fecha: Domingo 4 de noviembre de 2018
Lugar: Sala Mon, Madrid
Texto e imágenes: Charles Vástaguess


El primer disco compuesto ya como trio tras la triste partida del genial guitarrista Piotr Grudziński, no abandona las raíces progresivas en tono melancólico características de anteriores trabajos pero incorpora ciertos toques ciertamente novedosos en algunas canciones como la incorporación de más temas acústicos, más piano, registros más graves en la voz de su líder Mariusz Duda e incluso coqueteos con atmósferas típicas de películas western que a un servidor amante del cine le evocan escenas de films de Sergio Leone o a bandas sonoras del genial Ennio Morricone. En definitiva, un álbum en mi opinión exquisito, con gran amplitud de registros, todo ello inmerso en un aura postapocalíptica adornado como de costumbre por el genial trabajo en las ilustraciones de Travis Smith.

Mechanism



Para dar comienzo a la velada, por supuesto plantados ya birra en mano en un lugar bastante centrado, esperábamos con curiosidad a la banda también polaca Mechanism -para un servidor desconocida hasta la fecha-, que venía a presentar su nuevo álbum Entering the Invisible Light. Rock/metal progresivo de quilates, contundente y sin florituras, cada miembro del cuarteto curtido en sus respectivos instrumentos -el guitarrista con una pose, manera de tocar e incluso apariencia calcada al difunto Piotr, casualidades de la vida-, todo ello aderezado con la potente voz y carisma de su frontman Rafał Stefanowski, dejaron a los presentes perplejos. Grupo a tener en cuenta para el futuro, ojalá vuelvan por nuestras tierras.

Riverside


Una vez sacudida de súbito la pereza dominguera con la descarga de los teloneros, comenzó a sonar en bucle un sample que mi cabeza asoció inmediatamente con algún tema de Eye of the Soundscape o posiblemente con algún fragmento de Wasteland -¿quizás mezcla de ambos?-, pero que aún días después no alcanzo a reconocer claramente. En la proyección, imagen fija con la ya recurrente prohibición del empleo de cámaras de fotos.
En definitiva, aguardábamos con gran expectación la salida al escenario de Riverside. Lo hicieron con un poco de retraso, acompañados de nuevo como en su anterior gira con el guitarrista Maciek Meller, colaborador en algunos solos de guitarra en este nuevo largo y habitual de otros proyectos en solitario de Mariusz Duda -muy recomendable su trabajo conjunto Breaking Habits-.


Comenzaron a atronar los pesados riffs de "Acid Rain" para goce del personal allí presente, que se vieron pronto enmascarados en una incómoda maraña sonora que duraría a lo largo de todo el tema y también en el sucesivo, el single "Vale Of Tears", sumado además a algún que otro despiste en el baqueteo. Salieron del paso con profesionalidad y sentido del humor del imprevisto, acompañados con aplausos de un empático público.
Tras este lapsus inicial en la apertura, y con un fantástico juego de luces más propias de una abducción extraterrestre, prosiguieron con "Reality Dream", canción de su primer disco, donde todo comenzó a sonar como esperábamos o incluso mejor: los solos de guitarra infinitos, el bajo hipnotizante y con un inquieto Michał Łapaj a las teclas que adornó el viaje intergaláctico jugueteando en ocasiones con un theremín.

A partir de este tema todo fue sobre ruedas. Alternaron temas del nuevo ábum, mención especial para "Lament", con Meller haciendo las partes acústicas con la eléctrica sonando a las mil maravillas, con temas más antiguos, destacando el apoteósico tridente de pepinos consecutivos que hizo las delicias de los más nostálgicos y también del que escribe estas líneas: "Out Of Myself", "Second Life Syndrome" (sólo la primera parte de la canción, no se puede tener todo en la vida) y probablemente mi favorita "Left Out", donde la química de la formación afloró en toda su amplitud y Mr. Duda se salió del pellejo.


Llegados a este punto, pese al clímax musical acaecido que me emociono al recordar, el punto negro ajeno a la música fue la activación del aire de ventilación de la sala a velocidades ultrasónicas que hizo descubrir tonsuras y que cabreó bastante al personal, todo ello sumado a que para llegar a los únicos aseos de la planta hay que cruzar el escenario en toda su extensión (mismo recorrido también que para llegar a la zona de merchandasing). Fue un verdadero fastidió que también viví hace un mes y pico en este mismo lugar con el concierto de The Aristocrats. Retomando el show, sonó la triste "Guardian Angel", con Duda ya a los mandos de la acústica y clavando las partes vocales con ese novedoso registro de ultratumba, adornado con los solos de Meller y el contundente piano de Łapaj. Uno de los momentos álgidos del show.

Prosiguieron con un pequeño guiño al disco "Love, Fear and the Time Machine", donde el público acompañó a pleno pulmón cada uno de los pasajes del tema "Lost (Why Should I Be Frightened By a Hat?)". Siguieron con la instrumental "The Struggle for Survival", vuelta al pasado con "Forgotten Land" y "Loose Heart", donde Mariusz Duda dejó entrever en su discurso cierto déficit vocal que un servidor fue incapaz de notar, para cerrar esta primera parte del espectáculo con la magnífica "Wasteland", canción con dejes western e incluso con partes de puro prog metalero, sin duda la canción más arriesgada y sorprendente de este último disco, para un servidor, la incontestable joya del concierto.

Tras el merecido parón, speech de agradecimiento y recuerdo emocionante para Piotr, retomaron la descarga con la balada cortavenas "The Night Before" que nos puso los pelos como escarpias, seguida de la bailonga "02 Panic Room", para cerrar el festín a lo grande con el segundo single de su último trabajo, "River Down Below", con la colaboración de un quinto músico al bajo llamado Mateo, cuyo nombre fue coreado por el cachondo público congregado.

En resumen, genial concierto de la banda tras ese caótico inicio y pese a los incomodidades comentadas de la sala, superando con creces su recital de este verano en el Midsummer Prog Festival, pero en mi opinión, algo por debajo de su anterior visita a la capital, probablemente por el valor emotivo que tuvo aquella. Ya con ganas de ver hacia dónde se dirigen sus nuevos pasos musicales.

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