27 de julio de 2016

Crónica: Be Prog! My Friend 2016

Voy a comenzar esta crónica, por llamarlo de alguna manera, con una cita de mi gran amigo Sibert: “todos los masterplans tienen su lado FAIL”. Pues eso, yo viajaba el viernes nada más terminar mi jornada laboral intensiva en avión desde Madrid a Barcelona, el famoso pont aeri, donde me iba a encontrar con mi querido hermano el cual venía desde Milán. Ambos habíamos comprado tanto el vuelo de ida como el de vuelta de forma que más o menos coincidiéramos en el aeropuerto del Prat. Y sí, si hacéis un poco de memoria, fue el famoso fin de semana fatídico de Vueling.

Be Prog My Friend - Estereozine

Fecha: 1 y 2 de julio. Poble Espanyol, Catalonia, Spain

Texto e imágenes: Charles Vástaguess


En definitiva, que yo llegué a mi hora (con Iberia) y tenía tiempo libre por delante, por lo que me bajé en la Plaza de Cataluña y eché a andar por el Paseo de Gracia con mi maleta cargada de sueños hasta Lesseps, donde habíamos reservado un hostal de dudosa reputación. El sol apretaba bastante, por lo que mi caminata, en un principio vitalista y agradecida culturalmente, se convirtió en una especie de penitencia o, como decimos en familia, en un “reto chanclas”. Después de perder unos cuantos kilos y soltar lastre (literal y metafóricamente hablando) en el hospicio, mi hermano seguía sin despegar, por lo que podemos decir que por desgracia aquí concluye la crónica del primer día del Be Prog.

Bromas aparte, la verdad es que ese primer día tenía mucha curiosidad por ver fundamentalmente a las bandas Exxasens (catalanes by the way) y The Pineapple Thief, que son las que había escuchado algo y me habían sorprendido gratamente, aunque a posteriori me comentaron que esta primera jornada en general, digamos que con los “suplentes” del cartel, resultó ser más que digna.

Anneke Van Giersbergen, Between the Buried & Me


Avanzando sin más dilación hasta el sábado a mediodía, la hermandad al completo estaba ya metiéndose para el cuerpo unos revitalizadores platos combinados king size por la zona de Poble Sec para tratar de recuperar fuerzas (si, en cuanto llegó mi hermano por fin, nos metimos una buena farra para compensar el FAIL), ya emocionados y con la mirada puesta en el épico día que teníamos por delante.

Tras un agradable paseo en taxi subiendo Montjuic (recordando las Olimpiadas, con sus saltos de trampolín con la panorámica de la ciudad de fondo, Fermín Cacho con su manía persecutoria, Guardiola con la selección, la flecha fake de Legolas…), llegamos por fin a ese lugar conocido como Poble Espanyol. Los numerosos asistentes estaban congregados en corrillos de tertulia birra en mano esperando pacientemente en una larga cola bajo un sol que caía a plomo, por lo que cívicamente nos dispusimos a seguir su ejemplo, pero, para nuestra fortuna, me encontré con mi amigo Dani que hacía una infinidad de tiempo que no veía y nos coló vilmente con el beneplácito de sus compañeros progs.

Una vez asentado el proceso de adopción, excitados por las arengas y charlas mantenidas con nuestros nuevos camaradas, finalmente accedimos al recinto. Previamente había visto imágenes del lugar, pero aun así, me sorprendió muchísimo: un gran escenario con techo ovalado situado en el centro de una especie de plaza medieval, rodeado por unos soportales donde se podía disfrutar de bares con cerveza artesana, tradicionales, puestos de comida para todos los gustos, tiendas de souvenirs, una máquina expendedora de monedas con el rostro de jugadores de Barça WTF!…con ese entorno del medievo y con tantas melenas al viento por metro cuadrado, quizás eché en falta alguna que otra herrería para podernos forjar unas buenas hojas de acero Valyrio. Además, situado en una de sus esquinas, había una especie de “quiosco de música”, donde la organización del festival situó su puesto de merchandasing.

Mejor que mis penosas fotos, vídeo mangado de YouTube por la face ;-)


Nada más entrar, nos dirigimos como pollo sin cabeza a la barra con el objetivo de degustar la cerveza Pale Communion, cerveza de los suecos Opeth (si una banda tiene su propia cerveza, RESPECT), cuyo nombre coincide con el de su último disco hasta la fecha, pero por desgracia los progs del día anterior se la habían ventilado rápidamente y ya no quedaban. Tras este pequeño traspiés, nos pedimos las primeras Moritz, que también está muy rica, y de ahí camino a la cola de espera del merchandasing para ataviarnos con complementos progs e irnos de paso impregnando de la atmósfera festivalera.

Durante la espera consumista, dió comienzo el primer concierto de la jornada, el de Anneke Van Giersbergen que presentaba su proyecto The Gentle Storm, mujer escandinava de voz infinita acompañada por una banda bastante metalera de la vieja escuela y con una corista que se me antojó un tanto innecesaria. Su espectáculo la verdad es que nos dejó un poco ni fú ni fá, quizás estábamos más pendientes de nuestras compras y de controlar la ubicación de cada uno de los servicios que ofrecía el festival (las barras y aseos fundamentalmente), aunque opino que fueron demasiados gorgoritos para mi gusto, pese a ello estuvo bien como plataforma de lanzamiento de los pepinos que estaban por llegar.

Ya metidos en la arena, en un sitio bien centrado frente al escenario, los siguientes en tocar fueron Between the Buried and Me, que me pareció sin duda, una de las bandas más raras musicalmente hablando que he visto en mi vida: brutales, con cambios de ritmos constantes cada pocos segundos que, para un oyente primerizo como era mi caso, se hacía un tanto complejo de digerir, pero a su vez se hacía patente la maestría de estos músicos a la hora de realizar ese tipo de composiciones. La frase después de la impresión que me causó su descarga de una hora de duración fue: “me los tengo que catar tranquilamente”.

Magma


¡Y otro!


Turno ahora de la mítica banda francesa Magma, fundada a finales de los años sesenta, y que tienen un estilo musical un tanto peculiar que paso luego a describir brevemente, sin duda petición expresa del freak Steven Wilson, que no hace más que confirmar que este hombrecillo imberbe de melena cuidada y de mirada intelectual tuvo una infancia de lo más extraña, con una mente inundada de movidas paranormales.

El fondo del escenario presidido por el logotipo de la banda, una especie de calamar gigante rojo sobre fondo negro, que me hace pensar en los Greyjoy de Juego de Tronos con su icono del Kraken y el lema “nosotros no sembramos”, “lo que está muerto no puede morir”, el “liberad al Kraken” de Furia de Titanes, etc...

Saltan al escenario un conjunto de señores y señoras sexagenarios junto con un adolescente que según creo es hijo (¿o nieto?) de uno de ellos. La formación es un batería, un bajista, el adolescente guitarrista, un señor con un xilófono y con algún tecladillo, dos cantantes femeninas y otro varón de aires ibicencos. Comienza el show, yo convencido de que cantaban en francés, después veo que no, pienso en el esperanto, miro a mi hermano, él mira a mí, ambos miramos a nuestro colega Dani, y se confirman las sospechas: estos tipos se inventaron un idioma. Me meto en la Wikipedia para apoyar el WTF con pruebas, y copio literalmente:

(...) normalmente considerado como el creador del estilo de música conocido como zeuhl, aunque también se le incluye dentro de la corriente Rock In Opposition (RIO).

Me quedo igual que estaba y sigo investigando:

El grupo desarrolla a lo largo de su discografía unos álbumes conceptuales en los que se cuenta la historia de Kobaïa, un planeta ficticio en el que se asientan un grupo de refugiados que huyen de La Tierra. Las letras de todos los álbumes están en un lenguaje inventado por Vander (líder del grupo y baterista), el kobaïano. El término zeuhl, el cual es utilizado para definir esta música, proviene de dicho idioma, y significa "celestial".

Vale, todo bien, esto me va gustando, yo amante de la ciencia ficción. Ya con todos los sentidos puestos en el show, los presentes quedamos atrapados en esta suerte de música ritual que prácticamente te hacía entrar en trance y que parecía que en cualquier momento podía culminar en un rito masónico, un sacrificio satánico, una orgía o alguna ofrenda a Lucifer. Conclusión, me gustó el concierto y sobre todo, los asistentes quedamos ya completamente inmersos y sumisos a los dos grandes pesos pesados del cartel que eran los siguientes en salir a la palestra.

Opeth


Imagen de archivo...


Los primeros fueron los suecos Opeth, con su carismástico y venerado líder a los mandos, Mikael Åkerfeldt, “Miguelito” para los amigos. Todos de riguroso negro (todavía pegada bien el Lorenzo, se tenían que estar asando), comenzaron la descarga con "Cusp of Eternity", uno de los temazos de su último disco, con el que se desató la locura de los allí presentes, pese a que la voz y la guitarra del capo no se oían como deberían. En uno de sus numerosos speechs, Miguelito confirmó que tenía la voz al 30%, por lo que algunos de los presentes, entre los que me incluyo, se sintió un tanto decepcionado puesto que las expectativas para con este concierto eran muy muy altas. Prosiguió la lluvia de hachas vikingas rescatando temas de todos y cada uno de sus discos durante cerca de dos horas (se fueron un rato antes de lo previsto) para alegría de muchos de sus fans, y para frustración mía que muy iluso pensaba que tocarían bastantes canciones del Deliverance y del Damnation, los discos que más me gustan y que me atrevo a calificar como obras maestras. Cayeron una de cada uno: "To Rid the Disease" y, cómo no, para cerrar su concierto, "Deliverance". Pero, ¿y lo que hubiéramos disfrutado con la imponente "Master's Apprentices"? Una verdadera lástima.

Entre canción y canción, bajo el cántico “Miguelito, Miguelito...”, éste comenzó su particular festival de la comedia y alabanzas al resto de grupos del cartel: que si vamos a tocar tal canción, pero es broma y tocamos esta otra, que si Steven Wilson era la diva del rock, que tocar después de Magma era como si en los setenta fuéramos teloneros de Led Zeppelin, y un largo etc. La verdad es que el tipo tiene bastante gracia y ya con escuchar esa voz te callas y le ríes todo lo que diga, pero en mi opinión no estuvo a la altura del evento y de mis expectativas personales, además de que me dió la impresión de que tenía demasiados aires de estrella.

En definitiva, me gustó el concierto de Opeth, pero sé que podría haber sido mucho mejor, por eso me cito con ellos la próxima vez que vengan por aquí para que me hagan tragar estas pequeñas ofensas que les he dedicado anteriormente.

Steven Wilson


Be Prog My Friend Steven Wilson - Estereozine

Ésta sí es mía pero le he dado un toque proggie



Turno ahora ya para el cabeza de cartel, la diva del rock, el que nunca hace nada, el Dios del Prog, Sir Steven Wilson.

Para mí, la cuarta vez que me disponía a disfrutar del genio, una vez lo descubrí con Porcupine Tree en el Sonisphere 2010 y me dejó flipando en colorines. Tras el idilio, gocé con su show de presentación en el hotel Auditorium de Madrid de su tercer disco en solitario The Raven That Refused to Sing y ya en septiembre del pasado año con la gira del Hand Cannot Erase.

Comienzan a proyectarse imágenes de un edificio de viviendas de Alcorcón por ejemplo, luces encendidas en algunos, persianas bajadas en otros, se huele hasta el tufo de las comidas familiares, discusiones de pareja, uno echándose un cigar, otro con la maldita colada... en definitiva, “la puta bida tete” o la “Routine” para los puristas.

Sale Adam Holzman en plena oscuridad, se sienta en su butaca, y arranca las primeras notas en su piano de "First Regret" para abrir la interpretación del aclamado álbum Hand cannot erase, mientras poco a poco en medio de la penuria saltan al escenario los demás miembros de la banda (el bajista Nick Beggs, Craig Blundell a la batería, el guitarrista Dave Kilminster y polifacético Wilson) ante la aclamación de los fans ya prestos para experimentar el momento más esperado del festival.

Comienzan a caer temas del último largo del grupo, mención especial para "Routine", en mi opinión una de las mejores canciones que he oído nunca, un tema que pese a las infinitas escuchas que le he dedicado, no me deja de emocionar. Ojalá algún día pueda vivirlo en directo con Ninet Tayeb en el escenario aportando su desgarradora voz a esta obra maestra.
Canción tras canción, mi hermano recibía mis golpes en el brazo fruto de mi incredulidad ante lo que mis ojos estaban visionando, le dí una verdadera paliza, cariñosa eso sí. A esto se sumaban los actos de exaltación de la amistad para con los nuevos amigachos con los que tuvimos el placer de vivir este festival y con los que espero reencontrarme próximamente en algún otro concierto, qué gente más maja.


Con "Home Invasion" y "Regret #9", Adam Holzman se lució con sus teclados mientras que Kilminster (que no es manco, guitarrista que acompaña a Roger Waters en sus giras, nada más) nos hizo olvidar por completo al virtuoso Guthrie Govan con ese sólo de guitarra épico con el que concluye esta última canción. El apoteosis llegó a cotas ya desproporcionadas con "Ancestral", con esa parte metalera oscura que nos hizo perder la cabeza y de paso ejercitar nuestros cuellos. Ya Wilson armado con su guitarra acústica finalizó la interpretación del álbum con "Happy Returns".

Entre medias, la diva dedicó unas palabras a las tristes pérdidas que había sufrido el panorama musical este año, mencionando a Prince y Bowie, y homenajeando a este último interpretando "Lazarus" (la suya, no la de Bowie).

En algún momento del espectáculo, Wilson pareció asomarse al backstage en busca de su amigo Miguelito, presumiblemente para tocar algún tema juntos (alguno de su banda Storm Corrossion, quien sabe si "Deadwing", "Death Whispered a Lullaby", soñar es gratis), momento con el todos fantaseábamos con presenciar pero que por desgracia no tuvo lugar.
Repasó sus anteriores discos en solitario, con "Harmony Korine" de Insurgentes y con "Index" del Grace for Drowning. A este último tema le dieron una vuelta de tuerca que fue espectacular, comenzando la canción sólo con voces y chasquidos de dedos e incorporando unos solos de batería que fueron una verdadera locura donde Blundell literalmente se cubrió de gloria.

Cayeron los dos misiles de su último “medio disco” lanzado este año, 4 ½, “Vermillioncore”, canción íntegramente instrumental con un Nick Beggs inconmensurable, y la versión de "Don’t Hate Me" de Porcupine Tree, que varía respecto a la original en que Beggs le añade una línea de bajo nueva que le dá otro aire a la canción, se completa la psicodelia de los vientos y guitarras con pasajes de sintetizadores marcianos y la voz de Ninet en los estribillos (otra vez la eché en falta, aunque Wilson sin duda se ha puesto las pilas en cuanto a cantar se refiere y cumplió con creces).
Los fans de Porcupine Tree además de con “Lazarus”, pudimos gozarlo de lo lindo con “The Sound of Muzak” y “Sleep Together” muy agradecidas y coreadas por los allí presentes.

Para cerrar el concierto, un emocionante "The raven that refused to sing" que puso la guinda a un concierto que puedo calificar, sin atisbo alguno de duda, como el mejor que he presenciado hasta la fecha.

Con el público ya saciado con el recital de Wilson y los suyos, era el turno de la última banda del festival, Textures, de los que sólo presencié sus primeros temas y que me dejaron una buena impresión, pero yo ya estaba con la cabeza en otro sitio, todavía absorto en la tarea de asimilar lo experimentado con el show del genio, una sensación de felicidad y de expectativas cumplidas sobradamente que me hizo perder el interés en este último concierto.

Todavía embriagado por el cúmulo de sentimientos eufóricos, en plena ataraxia, consciente de que ya la noche no podría mejorar, recibí la ansiada llamada que tornó una velada inmejorable en realmente inolvidable.

2 comentarios:

  1. El concierto de Opeth fue muy bueno, de los mejores que he presenciado. En el concierto ya comentó Mikael Åkerfeld que precisamente porque el festival estaba lleno de gente que escuchaban progresivo el iba a tocar canciones de las distintas etapas de Opeth que cubrían el death metal progresivo y el black metal. Por este motivo, a los progresivos no les gustaría este concierto aunque aún así tocaron dos temas de Sorceress y Pale Comunion para homenajear al festival.
    Respecto a Between the Buried and Me son muy muy buenos técnimamente, espectaculares y volvemos a la misma tématica de antes, death metal y metalcore en muchos de sus temas, no es un grupo fácil de digerir sino se está acostumbrado a esa música y de raros nada, hay muchas bandas que hacen este tipo de música y les va muy bien (y ellos también pueden presumir de muy buenas ventas). Quizás la parte de las crónicas que se salen de progresivo, las debería cubrir otra persona, que pueda aportar más sobre el concierto.

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  2. En mi humilde opinión, creo que deberías centrarte más en tu impresión sobre el festival y menos en tu experiencia personal con taxis, aviones, hoteles y demás... La crítica de Wilson me gusta pero quizás algo larga...

    El concierto de Anneke Van Giersbergen dejó bastante que desear, en general el público estaba bastante aburrido y ella hacía bailecitos como si estuviese escuchando música pegadiza de los años 80 poco relacionado con lo que estaba cantando...

    El concierto de Opeth fue... ¿cómo definirlo? ¡Ah sí! espectacular. Menos mal que Mikael Åkerfeldt se acordó de sus verdaderos fans y nos dedicó sus mejores canciones.

    En general, puedo deducir por tu crítica lo que te gusta y lo que no, pero creo que deberías escribir desde un punto de vista más objetivo...

    Saludos.

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