16 de abril de 2015

Crónica: Russian Circles + Helms Alee (Madrid, Joy Eslava, 15 de abril 2015)

Russian Circles son un must en el panorama del post-rock y post-metal desde prácticamente su aparición en 2004 y tras la aparición de su primer LP, Enter, en 2006. Quien se decide por escuchar al trio chicaguense se adentra en un mundo con una atmósfera en la que destaca cada instrumento en particular pero también como uno sólo. Tras varios años seguidos pasando por Madrid, en 2015 hemos tenido la suerte de poder descubrir también a Helms Alee, otro trio que juega más en el campo del noise e incluso del post-grunge, pero que sin duda pegaba perfectamente en el bolo celebrado en Joy Eslava.

Russian Circles + Helms Alee (Madrid 2015)

Helms Alee


El trio de Seattle que hacía las veces de telonero, Helms Alee, saltaba al escenario para ofrecer un espectáculo en el que destacaba la batería de Hozoji Margullis, que eclipsaba a bajo, guitarra y a unos temas que en general sonaron más muermo que los de la banda principal. Ben Verellen proporcionaba voces graves además de guitarra, aunque en estudio parecen funcionar mucho mejor. Respecto a Dana James, bajísta, nos quedamos con las ganas de que el volumen de sus voces limpias sonaran un poco más alto. Helms Alee habrían ganado con una acústica y sonido mejores, pero me el espectáculo que montaron, pese a haber sonado peor (¿falta de potencia?), merece la pena más que en LP. Para revivirlo, nos quedamos con el setlist y la lista de reproducción de Spotify.


Russian Circles


Russian Circles + Helms Alee (Madrid 2015)

Dave Turncrantz (batería) y los suyos estuvieron como siempre bien, pero si es cierto que la batería y la guitarra de Mike Sullivan se escuchaba bastante más bajas de lo que debiéran. A la mitad del bolo lo subieron un poco y todo mejoró notablemente. Temas, variando de todos los discos como siempre, cerraron con "Youngblood" del imponente Station (2008), como es habitual. Sin pausas entre canción y canción, siempre conectadas por distorsiones salvo para el citado bís, la atmósfera que crean sigue poniéndonos los pelos de punta por mucho que les hayamos visto de forma más o menos habitual. La rutina habitual de Russian Circles es salir, concentrarse cada uno en lo suyo sin cruzar miradas, y darle caña hasta que se lo permitan, en este caso las once en punto de la noche. Personalmente nos quedamos con las ganas del épico final de "Harper Lewis", que quedaba amputado antes de llegar a su cierre. Una lástima porque el setlist convenció a todos.

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